“Y sin embargo, se mueve…” (Galileo Galilei, tras verse obligado a abjurar de su teoría del heliocentrismo por el Tribunal de la Santa Inquisición en 1633)
Es la tercera vez que uso esta cita en un post de mi blog y, curiosamente, es la primera vez que le encuentro todo su sentido. Con estas palabras, Galileo formulaba una verdad que es inmutable a lo largo de la Historia de la Humanidad: la voluntad de los hombres es más fuerte que el yugo que intenta someterles.
Muchas veces he criticado la pasividad con la que soporta la sociedad española, y especialmente su juventud, las injusticias y tropelías a las que nos tiene acostumbrados nuestra infame clase política. Durante años, décadas, tal vez siglos, la mayoría de los españoles han vivido sometidos a los intereses de un poder que les daba la espalda y sólo mostraba estar interesado en el beneficio de unos pocos. Con razón, Jose Luis Aranguren decía que “la juventud española tiene una revolución social pendiente”.
Hoy parece que, por fin, ha llegado el momento de ajustar cuentas con nuestra Historia. Nos debemos a nosotros mismos no despertar del sueño que hemos creado.
Para ello ha sido necesario que la sociedad española llegara a los niveles más bajos de sometimiento, injusticia, explotación, corrupción y abandono por parte de la clase política. Han hecho falta casi 5 millones de parados (más del 20% de la población activa de España), docenas de concejales arrestados y enjuiciados por corrupción, ayuntamientos desmantelados, empresas públicas en quiebra, centenares de crueles expedientes de regulación de empleo, la pasividad y connivencia de los sindicatos con sus compinches políticos, el partidismo de la clase judicial, la prostitución de los medios de comunicación, la proliferación de prohibiciones y restricciones sobre libertades sociales y el absoluto desapego de la clase política, más distante que nunca respecto al pueblo, para que la sociedad salga a la calle para reclamar un trato más justo.
Hoy, España ha dicho basta ya a los políticos que nosotros mismos pusimos al cargo de nuestras esperanzas y nuestro futuro, cansados de que lo maltraten y desperdicien. Hemos cerrado la puerta a las sonrisas profiden, falsas y vacías, de aquellos quienes – no lo olvide nadie - no estarían donde ahora están si no fuera por nuestros votos. Del mismo modo que se los otorgamos en su momento, hoy les retiramos nuestro apoyo, cansados de que dilapiden la riqueza y la fuerza de nuestra sociedad y el porvenir de nuestros hijos.
No nos engañemos: este país sigue dividido en dos grandes bloques de 6-8 millones de votantes incondicionales que invariablemente votan a uno de los dos grandes partidos mayoritarios, PP y PSOE. en cada uno de estos dos bloques de electores, hay una masa flotante de entre 2 y 4 millones de votantes cuyo voto varía en función de si se sienten mejor o peor gobernados por su opción política. Sin embargo, el resto de votantes no hacen NUNCA una reflexión profunda sobre los motivos de su voto, sino que lo hacen por inercia, por pasión o por firme convicción nacida del fanatismo o del odio atemorizado a los de la acera de enfrente.
Es una postura muy lógica: la decisión más fácil es la que se realiza entre el menor número de opciones. Por eso el mundo siempre tiende al bipartidismo. Blanco y negro, ángel o demonio, dentro o fuera, rojo o azul, derecha o izquierda, progresista o conservador.
Da igual que en el mundo en el que vivimos no exista esa bipolaridad de forma natural. Muchas veces, la verdad no está necesariamente en una parte de la tarta; hay grises, hay claroscuros, hay verdades a medias, a realidades en las que el bien o el mal, lo correcto o lo incorrecto, no está perfectamente perfilado…
Son esas posturas dicotómicas, nacidas en no pocos casos por ciudadanos que votan como si fueran fanáticos, beatos, gruppies, fundamentalistas, radicales… incapaces de ver los errores de quienes representan su posición ideológica, ciegos al más mínimo juicio de valor, sordos de las voces que les engañan, las que han hecho apoltronarse a los dos partidos mayoritarios en sus cómodas posiciones, alejadas del pueblo y de los ciudadanos, sabedores de que, en el peor de los casos, mantendrán un alto volumen de escaños suficiente como mantener su status quo de privilegiados e intocables por encima del bien y del mal. Esos fanáticos de voto irracional TAMBIEN son culpables de esta situación, porque el ejercicio de la democracia implica ejercer el derecho a voto de un modo reflexivo, razonado y coherente.
Votar de forma meditada y en sinergia con cómo creemos honestamente que ha sido un gobierno o una oposición es ejercer la democracia responsable. Votar con responsabilidad no es un derecho, es un DEBER.
Sin embargo, estos casos no son, ni con mucho, los únicos ni los principales culpables. La realidad es que los políticos de este país se han acomodado, se han apoltronado, se han acostumbrado a manejar nuestras vidas con total inmunidad sobre los desfalcos o incompetencias que comentan, sabedores de que el ciudadano de a pie no tiene capacidad para frenarles ni pedirles explicaciones, sabedores de que el sistema está lo bastante atrofiado como para que les impida perpetuar el asiento para sus holgadas y orondas posaderas, sabedores que cuentan con el respaldo y complicidad de las instituciones financieras y de los medios de comunicación para evitar que nada cambie por mucho que todos queramos que deje de ser igual.
Da igual PSOE y PP. Ambos han demostrado sobradamente su torpeza. Ambos han demostrado que el único interés que les mueve es el amiguismo, el enchufismo y el enriquecer a sus amigos, quienes no necesitan enriquecerse porque están forrados. Ambos han demostrado que toman sus decisiones de espaldas al pueblo y a los intereses de la mayoría. Ambos han demostrado que no conocen la opinión pública ni les importa. Ambos han demostrado saber cómo gestionar los medios de comunicación de su calaña para dirigir, orientar y motivar a que sus votantes no piensen por sí mismos. Ambos han demostrado que no tienen ningún recato en crear crispación, malestar y odio entre los españoles si eso les sirve para conseguir un puñado más de votos manchados de mierda.
Sin embargo, hemos tocado fondo. Hemos llegado a la gota que colma el vaso. Hemos superado el límite más insospechado de nuestra infinita capacidad de tragar y asumir sumisamente injusticias, desigualdades y torpezas.
Y hemos dicho que ya no tenemos miedo, que no nos van a callar, que no vamos a volver a bajarnos los pantalones y que nos hemos cansado de:
Algunos me habéis preguntado qué demonios hay exactamente detrás de los movimientos #nolesvotes, #DemocraciaRealYa y su puesta en práctica del #15m y las diferentes #acampada. La realidad es que estos son movimientos han nacido de distintas facciones sociales, políticas y asociativas, pero que están compuestos por personas que no se conocían en su conjunto antes, que nunca se habían puesto cara previamente a este boom y que, en no pocos casos, tienen criterios distintos de ver las cosas.
En todos estos colectivos hay representación de personas que pertenecen desde corrientes anárquicas y anti-sistema hasta los que les gustaría recuperar los tiempos del franquismo. Somos de izquierdas. Somos de derechas. Somos apolíticos. Somos católicos, agnósticos y ateos. Somos monárquicos. Somos republicanos. Somos de una gran ciudad. Somos de un pequeño pueblo. Somos españoles. O no. Pero, al final, todos somos ciudadanos que vivimos que comparten un mismo espacio vital y queremos lo mismo: cambiar aquello que no nos gusta y que nadie va a cambiar por nosotros.
Pero todos en su conjunto, sí tienen un algo en común: su total y absoluto desencanto con quienes nos gobiernan y nos han gobernado y con la situación económica que nos rodea.
Por encima de diferencias y disparidades, todos queremos algo en común:
Señores, esto somos nosotros. Y ustedes están ahí porque nosotros les pusimos. Les dimos capacidad y poder para gobernarnos. Y lo han hecho rematadamente mal. Así que nosotros decidiremos cómo, cuándo y quienes han de gobernar esto. Y si no lo hacen, les quitaremos de donde les pusimos por el mismo motivo por el que les pusimos: porque la soberanía nacional reside en el pueblo. Pero CON el pueblo.
Queremos que este país vuelva a ser nuestro y no de ellos. Queremos que este país sea mejor. Y sabemos que lo será sin ellos. Han tenido demasiado tiempo para demostrar sus capacidades y han fracasado. Ahora es el momento de que se vayan y nos dejen volver a construir un país democrático, libre y justo.
Hemos estado demasiado tiempo callados, escondidos, embobados, dormidos. Hoy, el sueño ha terminado y queremos despertar a un mundo mejor. No van a hacernos callar, no van a hacernos retroceder. Quien quiera seguir durmiendo, allá con su conciencia. Pero no se lo vamos a poner fácil, porque vamos a hacer suficiente ruido como para que todos abran los ojos. No queremos dejar de soñar con este nuevo amanecer, con esta esperanza que nace.
Ven. Acompáñanos. Despierta con nosotros. Únete. Opina. Participa. Ejerce el voto útil. Reflexiona sobre si este es el país en el que quieres vivir. Vota a quien consideres que representa mejor tus opciones. Vota en nulo. Vota en blanco. Haz lo que consideres más oportuno. Pero no permitas que, por tu inacción o pasividad, sigamos sufriendo un mundo peor del que nos merecemos.
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Sólo un apunte … la abstención suele criticarse … suelen decir “vota lo que quieras, en blanco o nulo pero vota”; lo dicen los políticos y lo dice mucha gente. Yo en cambio considero que la abstención es una opción tan válida como otra: para mí abstenerme es decir que ninguna de las opciones concurrentes a las urnas merecen el mínimo de confianza necesario para que yo les otorgue mi voto. La opción de votar al menos malo es la que llevamos ejecutando en España elección tras elección y creo que el mejor castigo para la clase política, el que haría que sí o sí los partidos se vieran obligados a regenerarse desde dentro sería el no verse apoyados en las urnas, porque los políticos no asumen, no computan los votos “al menos malo” … todos los votos los legitiman para sentirse cómodos en el poder y hacer lo que consideren oportuno. No pretendo hacer campaña abstencionista ni mucho menos, que cada cual vote lo que considere oportuno y conveniente, sólo quiero dejar patente que la abstención no es no jugar al juego democrático, no es delegar tu voto … ésto último precisamente es el voto en blanco …
Muchas gracias por tus reflexiones siempre interesantes y siempre magistralmente escritas.
Un abrazo
Berta
Tienes razón, Berta. De hecho, hace varias legislaturas que la opción política mayoritaria es el no-voto, aunque el sistema electoral actual lo ignore.
Un abrazo!
Como siempre tocayo, excelente. Ayer comentaba con una amiga mutua, que el enorme peligro de llegar al estado de cosas que planteas, en el que nos llega a parecer que todos los políticos son iguales, lleva en ciertos casos como sucedió en mi país a que surja un “mesias”, un impoluto ser al que no hay nada que apuntarle (muchas veces porque nada ha hecho). Le comentaba también, que en el caso de la Sociedad Española, seguramente ese peligro será menor, por ser una sociedad más madura. Ojalá encuentren el mejor camino; sin dudas tienen madera de sobra como sociedad para hacerlo y además para hacerlo en paz y armonia.
Hola, tocayo. Efectivamente, no creo que ese sea el mayor de nuestros miedos. Es dificil que alguien, una sola persona, salga unificando y aglutinando tantas voluntades.
Nuestros riesgos son, mas bien, la manipulación informativa y política apoderandose de la opinión de la calle y el riesgo de la excesiva atomización de las plataformas y que no lleguen a un acuerdo conjunto.
Lo has bordao, te felicito por el texto.
Muchas gracias, Vicente. Me alegro que te gustara.
Un saludo.